¿Cómo construir un “nosotros” sin dejar de ser tú y yo?
Tal vez llegaste aquí por uno de mis videos…
y algo dentro de ti hizo clic.
Hay relaciones en las que, casi sin darnos cuenta, comenzamos a imaginar cómo deberían hacerse las cosas entre los dos.
Cuánto tiempo compartir.
Cómo demostrar cariño.
Cuándo hablar de algo importante.
Qué cosas hacer juntos.
Cómo acompañarnos.
Cuánto espacio necesitamos.
Y muchas veces esas ideas parecen tan naturales para nosotros que podemos olvidar algo: la otra persona también llega a la relación con su propia manera de entender la cercanía.
Quizá para ti compartir mucho tiempo sea una forma importante de sentirte cerca, mientras que la otra persona también necesita momentos propios.
Tal vez tú prefieras hablar de algo en cuanto ocurre y la otra persona necesite primero ordenar lo que siente.
O puede que haya cosas que disfruten profundamente juntos y otras que cada uno prefiera vivir de una manera diferente.
Entonces puede aparecer una pregunta difícil:
¿Cómo construimos algo juntos cuando no necesitamos, sentimos o pensamos exactamente lo mismo?
Y quizá la respuesta no empiece por decidir quién tiene razón.
Tal vez empiece por descubrir que entre lo que necesito yo y lo que necesitas tú también puede existir un espacio para preguntarnos qué podemos construir juntos.
🌱 LO QUE ENCONTRARÁS EN ESTE ARTÍCULO
- Por qué estar cerca no significa necesariamente coincidir en todo.
- Qué cambia cuando reconocemos que en una relación existen dos experiencias.
- Cómo empezar a mirar el “nosotros” como algo que también puede construirse entre ambos.
💜 Un “nosotros” no necesita borrar al “tú” ni al “yo” para poder existir.
Cuando dos maneras de relacionarse se encuentran
Cada persona llega a sus vínculos con una historia.
Con formas aprendidas de demostrar cariño, necesidades, expectativas, costumbres y maneras particulares de interpretar lo que sucede.
Por eso, incluso cuando existe cariño, dos personas pueden vivir una misma situación de manera diferente.
Una puede necesitar más conversación y la otra más tiempo para procesar.
Una puede disfrutar compartir muchas actividades y la otra valorar también sus espacios individuales.
Una puede interpretar cierta acción como una muestra de cercanía y la otra demostrar cariño de una forma distinta.
Esto no significa automáticamente que una de las dos esté relacionándose “bien” y la otra “mal”.
Significa que dos mundos internos se están encontrando.
Y cuando olvidamos que esos dos mundos existen, es fácil comenzar a pensar que la cercanía debería verse de una sola manera.
La nuestra.
Entonces una diferencia puede convertirse rápidamente en preguntas como:
“¿Por qué no lo vive como yo?”
“¿Por qué necesita algo diferente?”
“¿Por qué no podemos simplemente hacerlo de la misma manera?”
Sin embargo, quizá podamos comenzar por algo anterior a encontrar una respuesta:
reconocer que el otro puede experimentar la relación de una manera distinta sin que eso borre nuestra propia experiencia.
🧡 Comprender cómo vive algo el otro no significa dejar de reconocer cómo lo vives tú.
Entre lo tuyo y lo mío puede aparecer algo nuevo
Reconocer que somos diferentes no significa que todo tenga que quedarse simplemente en:
“Así soy yo.”
“Así eres tú.”
“Cada quien por su lado.”
Porque cuando hablamos de un vínculo también existe algo más.
Hay conversaciones que solamente pueden suceder entre los dos.
Acuerdos que necesitan la participación de ambos.
Costumbres que se van creando con el tiempo.
Formas de acompañarse que no existían antes de conocerse.
Proyectos, recuerdos, maneras de resolver ciertas situaciones e incluso pequeños rituales que poco a poco se convierten en parte de la historia compartida.
Ahí comienza a aparecer lo nuestro.
No como un lugar donde una persona desaparece para adaptarse a la otra, sino como algo que puede ir tomando forma a partir de dos personas que siguen teniendo sus propias experiencias.
Y esto también cambia una pregunta frecuente dentro de los vínculos.
Frente a una diferencia, quizá ya no necesitemos preguntarnos únicamente:
“¿Quién de los dos debería cambiar?”
Podemos explorar:
“¿Qué podemos construir con estas dos realidades?”
A veces aparecerá un acuerdo.
Otras veces será necesario conversar más.
Quizá podamos probar una posibilidad y después ajustarla.
Y también habrá ocasiones en las que descubramos que algo importante para uno no coincide con lo que necesita el otro.
Construir juntos no significa que todas las diferencias tengan solución ni que siempre exista un punto medio perfecto.
Significa que ambas personas pueden estar presentes en aquello que están intentando construir.
Esta distinción es importante porque la reciprocidad tampoco necesita convertirse en una cuenta exacta de quién dio más o menos.
Puede ser algo mucho más humano:
yo existo en esta relación, tú también existes y podemos participar en aquello que nos corresponde construir entre los dos.
Empezar a construir sin dejar de escucharnos
Quizá podamos comenzar con situaciones pequeñas.
La próxima vez que aparezca una diferencia con alguien importante, antes de buscar inmediatamente quién tiene razón o quién debería adaptarse, prueba detenerte un momento.
Escucha lo que necesitas tú.
Y permite también que exista la pregunta:
¿Qué es importante para la otra persona?
Después, en lugar de pensar únicamente:
“o hacemos esto o hacemos aquello”,
puedes explorar:
“¿Hay alguna posibilidad que todavía no estamos viendo?”
Tal vez descubran una forma diferente de organizar el tiempo.
Una manera de conversar que resulte más cómoda para ambos.
Algo que desean compartir y algo que prefieren conservar individualmente.
O quizá simplemente comprendan mejor qué está viviendo cada uno.
No siempre aparecerá una solución intermedia.
Y tampoco tiene que aparecer.
Lo importante es abrir un espacio donde la única posibilidad no sea que uno de los dos deje de escucharse para que el vínculo pueda continuar.
Porque construir un “nosotros” también puede significar aprender a reconocer qué podemos compartir, qué necesitamos conversar y qué puede seguir siendo diferente.
💜 Estar juntos no tiene que significar dejar de ser dos.
Quizá una relación no se construye cuando finalmente conseguimos pensar, sentir o necesitar exactamente lo mismo.
Puede construirse mientras vamos descubriendo quién soy yo cuando estoy contigo, quién eres tú cuando estás conmigo y qué cosas pueden empezar a existir entre nosotros.
Algunas serán pequeñas.
Una costumbre.
Una conversación diferente.
Una manera de acompañarnos.
Otras podrán crecer con el tiempo y convertirse en una parte importante de nuestra historia compartida.
Y quizá ahí exista una forma diferente de mirar el “nosotros”:
no como algo que reemplaza al tú y al yo, sino como aquello que podemos ir construyendo cuando ambos seguimos teniendo un lugar.
🌱 MINI PRÁCTICA
Piensa en una relación importante para ti.
Puede ser tu pareja, una amistad, un familiar o cualquier vínculo significativo.
Tómate unos minutos y completa estas frases:
Algo que valoro de quién soy dentro de esta relación es…
Algo que reconozco y valoro de quién eres tú es…
Algo que hemos construido juntos y que valoro es…
Y finalmente:
Algo que me gustaría seguir construyendo contigo es…
No necesitas encontrar una respuesta perfecta.
Solo observa qué aparece cuando, por un momento, miras ese vínculo desde estos tres lugares:
YO + TÚ + LO QUE CONSTRUIMOS.
Yo cuento. Tú cuentas.
Y también cuenta aquello que podemos construir juntos.
Si al mirar tus relaciones descubres emociones, necesidades o formas de vincularte que te gustaría comprender con mayor profundidad, un proceso terapéutico puede ofrecerte un espacio para explorarlas con calma y acompañamiento.
Si sientes que es un buen momento para ti. Será un gusto acompañarte
Puedes escribirme por WhatsApp cuando lo desees.
— Verónica Salgado C.
Facilitadora de sanación emocional




