¿Hasta dónde llega mi responsabilidad dentro de una relación?
Tal vez llegaste aquí por uno de mis videos…
y algo dentro de ti hizo clic.
A veces algo cambia con alguien importante para ti.
Quizá notas cierta distancia, aparece un desacuerdo o la otra persona está molesta, y casi sin darte cuenta empiezas a pensar:
¿Qué puedo hacer?
Tal vez buscas las palabras adecuadas, intentas explicar mejor lo que quisiste decir, propones hablar o piensas qué podrías hacer diferente para que las cosas vuelvan a estar bien.
Y muchas de esas acciones pueden ser valiosas.
Pero a veces ocurre algo más.
La pregunta deja de ser solamente “¿qué puedo hacer yo?” y poco a poco se convierte en:
“¿Qué tengo que hacer para que el otro deje de sentirse así?”
“¿Cómo consigo que me comprenda?”
“¿Qué hago para que cambie de opinión?”
“¿Cómo hago para que entre nosotros todo vuelva a estar bien?”
Y entonces puede resultar difícil reconocer dónde termina nuestra participación y dónde comienza algo que ya no depende solamente de nosotros.
Quizá por eso vale la pena detenernos en una pregunta:
¿Hasta dónde llega realmente mi responsabilidad dentro de una relación?
🌱 LO QUE ENCONTRARÁS EN ESTE ARTÍCULO
- Por qué a veces podemos sentir que depende de nosotros que una relación vuelva a estar bien.
- Cómo distinguir entre responsabilizarnos de nuestra parte e intentar controlar también la respuesta del otro.
- Cómo empezar a reconocer lo mío, lo tuyo y aquello que necesita de los dos.
💜 Participar en una relación no significa poder decidir todo lo que ocurrirá dentro de ella.
¿Cuándo hacer nuestra parte empieza a sentirse como tener que arreglarlo todo?
Cuando alguien nos importa, es natural que lo que sucede entre nosotros también nos importe.
Si sentimos que algo cambió, quizá queramos acercarnos.
Si hubo un malentendido, podemos querer aclararlo.
Si reconocemos que hicimos algo que lastimó al otro, quizá deseemos repararlo.
El problema no está en querer cuidar un vínculo.
La diferencia puede aparecer cuando, además de mirar lo que nosotros podemos hacer, empezamos a sentir que también tenemos que encontrar la manera de cambiar lo que ocurre dentro de la otra persona.
Por ejemplo, podemos disculparnos por algo que hicimos.
Pero no podemos decidir en qué momento el otro dejará de estar molesto.
Podemos explicar lo que quisimos decir.
Pero no podemos garantizar que la otra persona lo comprenda exactamente como esperamos.
Podemos proponer una conversación.
Pero no podemos decidir que el otro esté preparado para tenerla en ese momento.
Podemos mostrar cercanía.
Pero tampoco podemos producir por nosotros mismos la cercanía que necesita de dos personas.
Esto no significa que dé igual lo que hagamos.
Significa algo diferente:
nuestras acciones importan, pero no controlan por sí solas el resultado completo de una relación.
🟠 Hacer mi parte puede estar en mis manos. La respuesta del otro no está completamente en ellas.
Responsabilidad no es lo mismo que control
A veces podemos confundir responsabilidad con resultado.
Si hago lo correcto, quizá pensamos, la otra persona debería comprender.
Si me explico suficientemente bien, debería dejar de estar molesta.
Si pongo de mi parte, la relación debería mejorar.
Y cuando eso no ocurre, podemos preguntarnos qué hicimos mal o qué más tenemos que hacer.
Pero responsabilizarnos de nuestra parte puede significar algo mucho más concreto.
Puedo mirar cómo hablé.
Puedo reconocer lo que sentí y necesité.
Puedo escuchar lo que la otra persona intenta decirme.
Puedo reconocer un error.
Puedo pedir disculpas.
Puedo revisar mi manera de actuar.
Puedo decidir cómo quiero responder ahora.
Todo eso forma parte de mi participación.
Y, al mismo tiempo, frente a mí existe otra persona con su propia experiencia.
También siente.
También interpreta.
También necesita.
También decide.
También tiene su propio tiempo para procesar lo que ocurre.
Reconocerlo no significa decir:
“Eso es suyo y no me importa.”
Tampoco significa alejarnos o dejar de intentar comprendernos.
Puede significar algo mucho más amable:
puedo estar presente sin intentar ocupar también el lugar del otro.
Puedo escuchar sin decidir lo que debería sentir.
Puedo acompañar sin poder procesar por él.
Puedo expresarme sin controlar cómo recibirá mis palabras.
Puedo proponer sin decidir cuál será su respuesta.
Y quizá esa diferencia nos permita relacionarnos desde un lugar un poco más claro.
Porque entre dos personas no existe únicamente lo que hago yo.
Existe lo mío.
Existe lo tuyo.
Y también comienza a aparecer algo que solo puede existir cuando ambos participan:
lo nuestro.
¿Cómo empezar a reconocer qué parte sí puedes cuidar tú?
Quizá no necesites aprender a distinguir perfectamente qué corresponde a cada persona en todas tus relaciones.
Puedes comenzar con algo mucho más sencillo.
Cuando ocurra una pequeña situación con alguien importante y aparezca rápidamente la pregunta:
“¿Qué hago para que esto se arregle?”
prueba detenerte un momento.
Y cambia ligeramente la pregunta:
“¿Qué parte de esto sí puedo atender yo?”
Tal vez descubras que puedes expresar algo que no habías dicho.
Quizá puedas escuchar antes de responder.
Tal vez necesites reconocer algo que hiciste.
Puede que quieras hacer una pregunta en lugar de suponer.
O quizá simplemente puedas elegir cómo quieres responder ahora.
Después, observa si hay algo que estás intentando decidir también por la otra persona.
¿Necesitas que comprenda inmediatamente?
¿Que deje de estar molesta?
¿Que piense como tú?
¿Que responda de determinada manera?
No necesitas dejar de desear que las cosas mejoren.
Solo puedes empezar a reconocer que desear un resultado y poder controlarlo son cosas diferentes.
Y hay todavía una tercera posibilidad.
Quizá algunas situaciones no pertenezcan solamente a uno ni al otro.
Tal vez necesiten algo de ambos.
Una conversación en la que los dos quieran participar.
Una decisión compartida.
Un acuerdo.
Una manera de encontrarse.
Reconocerlo también puede aliviar una carga:
hay cosas que una sola persona no puede construir por dos.
💜 Puedo cuidar mi parte, dejar espacio para la tuya y reconocer aquello que necesita de los dos.
A veces la claridad también cuida nuestros vínculos
Responsabilizarnos de nuestra parte no significa hacer menos.
Tampoco significa desentendernos de quienes queremos.
Puede significar participar con mayor claridad.
Reconocer lo que sentimos.
Mirar cómo actuamos.
Escuchar.
Preguntar.
Reparar cuando sea necesario.
Decidir cómo queremos responder.
Y, al mismo tiempo, reconocer que frente a nosotros hay otra persona que también tiene una parte que solamente ella puede mirar, sentir, decidir o cambiar.
Quizá relacionarnos no consista en lograr que todo salga como esperamos.
Tal vez también implique aprender a distinguir:
qué puedo cuidar yo,
qué solo puede decidir el otro
y qué necesita de los dos.
No para separarnos.
Sino para encontrarnos sin que una sola persona tenga que ocupar ambos lugares.
🌱 MINI PRÁCTICA
¿Qué parte puedo cuidar yo?
Piensa en una situación pequeña y reciente con alguien importante.
No elijas el conflicto más difícil. Basta con algo cotidiano.
Completa lentamente:
Lo que ocurrió fue…
Lo que yo sentí o necesité fue…
Lo que yo hice fue…
Ahora pregúntate:
Algo que sí puedo hacer o revisar yo es…
Después:
Algo que no puedo decidir o hacer por la otra persona es…
Y finalmente:
Si dejo de intentar resolver ambas partes, ¿qué puedo hacer con la mía?
No necesitas decidir quién tiene razón.
Solo observa si distinguir estas partes te permite mirar la situación con un poco más de claridad.
💜 Puedo responsabilizarme de mi parte sin hacerme responsable de todo.
Si quieres seguir trabajando en ti
A veces comprender qué nos corresponde dentro de nuestros vínculos también puede ayudarnos a descubrir formas de relacionarnos que hemos aprendido y que repetimos casi sin darnos cuenta.
Si sientes que este tema conecta con algo que estás viviendo y te gustaría explorarlo con mayor profundidad, puedo acompañarte en una sesión individual.
Será un espacio para mirar lo que estás viviendo, comprender qué está ocurriendo dentro de ti y encontrar una manera más consciente y amable de acompañarte.
Puedes escribirme cuando sientas que es un buen momento para ti.
— Verónica Salgado C.
Facilitadora de sanación emocional
